El fin de la civilización
En estas últimas semanas, la derecha ha venido desarrollando
una práctica propagandística electoral que no es del todo nueva ni desconocida
para el mundo. La teoría del apocalipsis…
La idea que se desarrolla a partir de esta teoría es la
siguiente; si la derecha no logra ganar en las elecciones presidenciales, esto
significa enviar al país a la edad de piedra, a la Alemania de Honecker o a
Sodoma y Gomorra.
La derecha visualiza de forma muy clara los acontecimientos
que se desencadenarían si Bachelet gana la elección, y no tienen miedo a
enumerarlos uno por uno.
Los pobres codeándose con los ricos en colegios y
universidades, como si fueran socios del mismo club de golf.
Homosexuales atestando las puertas del registro civil en un
intento desesperado para conseguir destruir la institución de la familia desde
dentro y por ende la sociedad cristiana
Un país que se paraliza económicamente debido a asambleas
constituyentes que frenan la inversión y el capital extranjero debido a la
incertidumbre que generaría el movimiento de las capas obreras y medias del país.
La pérdida de confianza de los mercados extranjeros que
verían con recelo la segunda vía al socialismo chileno, con la consecuente re
estatización del cobre a toda escala.
Cabe recordar que en un Chile no muy lejano allá por el año
1988, la campaña del Sí quiso hacer creer a los chilenos que votar no en el
plebiscito significaría volver a la UP. Con todas las consecuencias trágicas
que esto implicaba, las colas, las tarjetas de la JAP, los paros, los cordones
industriales y los pata de elefante.
La propaganda del apocalipsis obviamente no es un invento
chileno, y mucho menos nueva, la hicieron los Nazis, los Comunistas Soviéticos,
los Norteamericanos desde 1776 hasta nuestros días y muchos imperios cuando han
creído que sus intereses se ven amenazados ante el inminente cambio que
proponen, justificadamente, las clases oprimidas cuando el agua les llega al
cuello.
El “viraje a la izquierda” que denuncia la alianza de forma
tan eufemística, es el proceso lógico de una sociedad de huachos y outsiders;
amurallados, escondidos, olvidados y ninguneados. Aburridos de ver como se
legisla y se gobierna con la biblia en una mano y el diario financiero en la
otra.
La
meritocracia tan manoseada por la derecha política nunca tuvo un asidero real y
tangible, basta con ir a una población y ver que el que tiene la mejor casa,
las mejores cosas y el refrigerador más lleno es aquel que trafica y delinque, no
quien trabaja dobles turnos en empleos mal pagados y con estabilidad igual a
cero. La historia repetida como un mantra hasta el cansancio del emprendimiento
y la innovación esta solo reservada para aquellos que tienen las herramientas
los contactos y la cuna que los cobije cuando las cosas no salen como se
esperan, el resto está destinado en su gran mayoría a marcar el paso en un
intento vano por salir del asistencialismo
que los marca y estigmatiza.
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