jueves, 12 de diciembre de 2013

El fundamentalismo de la derecha

El fundamentalismo de la derecha

No bastó con enarbolar la bandera del gobierno de los mejores, no bastó con “Se les acabó la fiesta”, no bastó con “en diez días hicimos más que la concertación en veinte años”…
No bastó.
Ahora la derecha se empecina en mantener la táctica y ataca al plan de gobierno de Bachelet y lo identifica como principal responsable de la caída en las cifras de producción. No bastó con que la CEPAL entregase un estudio que tira por la borda la teoría del “derechistán”, tanto así que Matthei dice sin arrugarse que la CEPAL está equivocada… La CEPAL, organismo dependiente de la ONU, que funciona desde 1948, la misma que quitó el respaldo a la encuesta Casen por el episodio de los bonos que afectaron a la medición de ingreso en las familias del quintil más pobre.
Fue el mismo ministro Lavin quien en primera instancia dio un espaldarazo a la CEPAL (por credibilidad e historia), el cual retiro de un plumazo después de sabido que el organismo se retiraba de las comisiones de trabajo de la encuesta, y por ende el apoyo a la Casen 2012.
Es la derecha la que ha puesto un manto calamidad y catástrofe al programa de Bachelet, en una campaña del terror digna de la guerra fría. Han polarizado el discurso al punto de volverse más papistas que el papa.
La guerra contra el aborto, que destruirá a la familia; La guerra contra el matrimonio homosexual, que destruirá a la familia; Una entelequia religiosa tan conservadora, que el mismo Juan Egaña no imagino ni en el más húmedo de sus sueños Escolapios; Guerra contra el sistema judicial y los fiscales; Guerra contra la reforma tributaria; Guerra contra la educación gratuita; Guerra contra el cambio en la constitución…
En fin, guerra santa, republicana y neoliberal…
Está claro que Bachelet no es la persona que muchos de nosotros quisiéramos como presidenta por los próximos 4 años, pero es muy probable que nos arrepintamos si la derecha se instala por otros cuatro años en la moneda. Es cierto, la vida seguirá igual, tendremos que trabajar para vivir y seguir haciendo lo que hacemos. Pero tengo la certeza que bajo cualquier punto de vista será mejor que un piño de conservadores que gobierne con la biblia en la mano…


El fin de la civilización


El fin de la civilización

En estas últimas semanas, la derecha ha venido desarrollando una práctica propagandística electoral que no es del todo nueva ni desconocida para el mundo. La teoría del apocalipsis…
La idea que se desarrolla a partir de esta teoría es la siguiente; si la derecha no logra ganar en las elecciones presidenciales, esto significa enviar al país a la edad de piedra, a la Alemania de Honecker o a Sodoma y Gomorra.
La derecha visualiza de forma muy clara los acontecimientos que se desencadenarían si Bachelet gana la elección, y no tienen miedo a enumerarlos uno por uno.
Los pobres codeándose con los ricos en colegios y universidades, como si fueran socios del mismo club de golf.
Homosexuales atestando las puertas del registro civil en un intento desesperado para conseguir destruir la institución de la familia desde dentro y por ende la sociedad cristiana
Un país que se paraliza económicamente debido a asambleas constituyentes que frenan la inversión y el capital extranjero debido a la incertidumbre que generaría el movimiento de las capas obreras y medias del país.
La pérdida de confianza de los mercados extranjeros que verían con recelo la segunda vía al socialismo chileno, con la consecuente re estatización del cobre a toda escala.
Cabe recordar que en un Chile no muy lejano allá por el año 1988, la campaña del Sí quiso hacer creer a los chilenos que votar no en el plebiscito significaría volver a la UP. Con todas las consecuencias trágicas que esto implicaba, las colas, las tarjetas de la JAP, los paros, los cordones industriales y los pata de elefante.
La propaganda del apocalipsis obviamente no es un invento chileno, y mucho menos nueva, la hicieron los Nazis, los Comunistas Soviéticos, los Norteamericanos desde 1776 hasta nuestros días y muchos imperios cuando han creído que sus intereses se ven amenazados ante el inminente cambio que proponen, justificadamente, las clases oprimidas cuando el agua les llega al cuello.
El “viraje a la izquierda” que denuncia la alianza de forma tan eufemística, es el proceso lógico de una sociedad de huachos y outsiders; amurallados, escondidos, olvidados y ninguneados. Aburridos de ver como se legisla y se gobierna con la biblia en una mano y el diario financiero en la otra.


La meritocracia tan manoseada por la derecha política nunca tuvo un asidero real y tangible, basta con ir a una población y ver que el que tiene la mejor casa, las mejores cosas y el refrigerador más lleno es aquel que trafica y delinque, no quien trabaja dobles turnos en empleos mal pagados y con estabilidad igual a cero. La historia repetida como un mantra hasta el cansancio del emprendimiento y la innovación esta solo reservada para aquellos que tienen las herramientas los contactos y la cuna que los cobije cuando las cosas no salen como se esperan, el resto está destinado en su gran mayoría a marcar el paso en un intento vano por salir del asistencialismo  que los marca y estigmatiza.